
JOHN VERDON| ROCA EDITORIAL, 2012 | 412 | 14,95€ | ADULTO. NEGRA |
☆☆☆
Han pasado seis meses. David Gurney apenas ha conseguido reincorporarse a una cierta normalidad después de haberse encontrado al borde de la muerte tras resolver el caso más peligroso al que se había enfrentado. Madeleine, su esposa, está preocupada; Gurney ha sido diagnosticado con síndrome de estrés post traumático y nada parece alegrarle. Días después el ex detective recibe una llamada. Connie Clarke, la periodista que creó la leyenda de superpoli y lo catapultó a la fama quiere pedirle ayuda. Su hija Kim está realizando un documental sobre las familias de las víctimas de un asesino en serie al que nunca atraparon, el Buen Pastor, y Connie quisiera que Gurney supervisara sus investigaciones y la guiara. Incapaz de ponerle coto a su curiosidad y a su necesidad de resolver cada una de las incógnitas que se le presentan, David Gurney se verá arrastrado a una investigación para descubrir la verdadera identidad del asesino. Un asesino que es tan imprevisible como peligroso, un diablo al que convendría dejar en paz.
Libro anterior: No abras los ojos | Libro posterior: No confíes en Peter Pan
"Para los amantes de la novela negra, puede que esta saga sea descafeinada, aunque nadie puede negar que las tramas que se abren sean irresistibles a la curiosidad".
Esta tercera parte comienza de una forma prometedora: un caso sin resolver reabierto para despertar a la bestia. Como los predecesores, me ha resultado sumamente entretenido a sabiendas de que es una literatura fácilmente considerada mediocre. John Verdon tiene una simpática manera de construir a los personajes y de trasladarnos directamente al lugar en el que habitan, bastante natural y apacible. Este, a mi parecer, es el punto más destacable, disfruto conociendo un poco más de David Gurney y paseando junto a su esposa por su agradable y solitaria finca.
Para los amantes de la novela negra, puede que esta saga sea descafeinada, aunque nadie puede negar que las tramas criminales que se abren sean irresistibles a la curiosidad. Con relación a esta tercera parte, el planteamiento es si cabe más enrevesado y prometedora que las anteriores. He llegado a sentir durante su lectura que la revelación final iba a ser lo de menos, y que las horas de diversión las proporcionaba el desconocimiento que gobierna toda la novela. Esto suele suceder en el buen suspense y si no que se lo digan a los guionistas de Lost.
Para los amantes de la novela negra, puede que esta saga sea descafeinada, aunque nadie puede negar que las tramas criminales que se abren sean irresistibles a la curiosidad. Con relación a esta tercera parte, el planteamiento es si cabe más enrevesado y prometedora que las anteriores. He llegado a sentir durante su lectura que la revelación final iba a ser lo de menos, y que las horas de diversión las proporcionaba el desconocimiento que gobierna toda la novela. Esto suele suceder en el buen suspense y si no que se lo digan a los guionistas de Lost.
"En Deja en paz al diablo: será imposible desvelar el final y asimismo sorprenderse al llegar a él..."
El problema es que promete mucho más de lo que da y eso acaba cansando cuando no enfadando al avispadillo lector. Uno consume novela negra con la intención de intentar demostrar que es más listo de lo que parece, uno espera desvelar el final antes de que el final lo desvele a él, y si no lo consigue, al menos que sea porque el final es realmente sorprendente. Pero cuando no se consiguen los resultados esperados surge una sensación desagradable. Esto es justamente lo que sucede en Deja en paz al diablo: será imposible desvelar el final y asimismo sorprenderse al llegar a él.
Aún así, personalmente, recomiendo todas las historias que se construyen alrededor de David Gurney, ya que es un personaje simpático e interesante que siempre he imaginado como el actor Mark Harmon, y Mark Harmon es entrañable.
Te gustará si te interesaron los libros anteriores y disfrutas alimentando tu curiosidad con tramas que juegan revelando y ocultando información.
Por más agua que le eche, no se borra, reaparece una y otra vez. A veces me hace cosquillas, entonces es probable que luego me escribas un mensaje cínico. Y a veces me duele de veras, entonces te echo de menos, Emmi, y desearía que todo hubiese sido distinto. Pero no quiero ser desagradecido. «Lo» tengo, tengo tu punto de contacto en el centro de la palma de mi mano. Allí se concentran todos los recuerdos y los deseos.
NARRACIÓN ☆☆☆☆ HISTORIA ☆☆ PERSONAJES ☆☆☆☆ EDICIÓN ☆☆☆☆










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